VOTO ELECTRÓNICO: Un paso adelante para fortalecer las democracias modernas

Por: José Orlandini, Gerente corporativo unidad servicios TI de SONDA

La implementación de este sistema no sólo refuerza las tradiciones democráticas de una nación, sino que además contribuye al cuidado del medio ambiente, reduce costos de energía, mejora la calidad de vida de los votantes y ahorra recursos fiscales.

En plena era de la Revolución Digital nuestro país no puede estar ajeno a los grandes cambios y oportunidades que este fenómeno trae consigo. El voto electrónico es uno de los ejemplos paradigmáticos donde se puede ver de manera más clara el impacto que la Transformación Digital puede impulsar en el ámbito público. Un proyecto de Estado en esta dirección nos permitiría alinear la democracia con las nuevas tecnologías digitales, acelerar la entrega de resultados y eliminar los votos objetados y nulos, además de innovar y ser pioneros en el establecimiento de un nuevo orden eficiente, que refuerce nuestra tradición democrática y, al mismo tiempo, nos permita fomentar las políticas de protección al medio ambiente aplicadas durante las recientes administraciones.

Evidentemente el futuro está en la votación electrónica. Sin embargo, el cambio debe ser gradual. Lo más importante es que el sistema de votación que utilice un país sea creíble y aceptado por la gente. Por ello, en Chile se recomienda utilizar un sistema mixto que permita iniciar la evolución hacia un sistema completamente electrónico en un plazo de aproximadamente 10 años.

Específicamente, la recomendación en una primera etapa es implementar un sistema que opere con mesas de votación como existen hoy, con el siguiente esquema de operación:

  • Identificación del votante: La persona se acerca a la mesa y entrega su cédula. Se verifica que el votante coincida con la cédula, ojalá con algún sistema de biometría que permita cotejar contra la Base de Datos del Registro Civil. También automáticamente, el sistema verifica en línea si el votante esté habilitado para votar, y si ha sufragado en otro lugar.
  • Habilitación cámara para voto: El vocal habilita la máquina en la cámara secreta, y le indica al votante que debe pasar. El sistema de votación electrónico está compuesto por dos máquinas pequeñas conectadas por un cable físico. Una está en la urna y la otra en la mesa para el uso de los vocales.
  • Voto: El votante selecciona al candidato de su preferencia dentro de la cámara secreta donde se encuentra la máquina electrónica de votación. El sistema tiene una pantalla y un teclado similar a los cajeros automáticos para realizar la selección. Con este sistema se eliminan los votos nulos y objetados, ya que no se pueden marcar otras preferencias.
  • Contabilización de los votos: El sistema registra el voto, que es “firmado” digitalmente para evitar la manipulación de un tercero mediante un sistema de criptografía de llave pública/privada. Si existen comunicaciones disponibles, el sistema envía en línea una copia del voto electrónico al sistema central, donde será almacenado para su posterior recuento.
  • Impresión del voto: Para garantizar la auditoría del sistema, la máquina de votación emitirá una copia del voto electrónico con las preferencias del votante, que será utilizado en un eventual recuento manual, el cual se facilitaría además mediante un código de barras.
  • Depósito de voto físico en urna: El votante deposita en la urna el voto físico, tal como se hace en el proceso actual, previo verificar que su preferencia está registrada correctamente.
  • Impresión de registro de votación y comprobante: Dado que la idea es permitir la votación en cualquier local, no es posible tener un libro físico, por lo que el sistema imprimirá un registro y además un comprobante de votación para el votante, que demuestra que éste sufragó. La máquina de votación también guarda una copia firmada digitalmente de este registro.
  • Firma de registro de votación: El votante firma el registro de votación, similar a como se hace hoy con los comprobantes de tarjeta de crédito, y luego lo deposita en la segunda urna.
  • Cierre de la mesa: Al terminar el plazo de votación, el presidente de la mesa selecciona la opción de cerrar el proceso de votación en la mesa. El sistema se bloquea y no permite la emisión de más votos y emite un comprobante con el recuento de los sufragios. Los resultados de la mesa se envían electrónicamente al sistema central de Servel. La urna es llevada a la oficina del SERVEL, donde posteriormente se puede confirmar el resultado de la mesa mediante el conteo físico de los votos.

Actualmente muy pocos países permiten que exista votación electrónica desde el computador o desde el celular. Algunos han implementado esta modalidad para los ciudadanos que viven en el extranjero (como el caso de los chilenos que residen en el extranjero), pero implementarlo para todos, incluyendo dentro del país, se presta para prácticas de cohecho por lo que el riesgo de que las votaciones pierdan legitimidad es muy alto, como ha ocurrido en casi todos los países del mundo en que se ha implementado.

De hecho, Francia permitía que los franceses que residían en el extranjero pudiesen votar en su computador (no así los que vivían en Francia), pero fue tanta la presión que generaban las acusaciones de cohecho, que en la última elección presidencial esta posibilidad se eliminó. Así, el presidente Macrón fue elegido exclusivamente con votación manual.

Por lo tanto, en Chile no es recomendable implementar un sistema de i-vote, que es el voto electrónico que permite al votante sufragar en su propio PC.

En un sistema de votación electrónico bien implementado, el riesgo de todo tipo de ataques cibernéticos es parte básica de su diseño, por lo que es realmente mínimo.

Si analizamos la perspectiva medioambiental y la nueva política de protección que propugna nuestro Estado, el voto electrónico también es ecológicamente sustentable, porque requiere menos papel y se ahorraría energía al minimizar el movimiento de las personas, permitiendo que éstas se desplacen a la mesa más cercana y no sólo donde están inscritos.

A esto se suma el hecho de que la votación electrónica permite ahorros, que benefician tanto a los votantes (en tiempo y gastos de transporte), como también al Estado en general. Ello porque se eliminaría el gasto innecesario en papelería que se desprende de la impresión de votos, sellos, o actas de papel.

Es decir, no sólo agilizaríamos todo el proceso, sino que además lo haríamos más eficiente, económico, ordenado y sustentable.

Y más aún, si se logra aumentar la participación ciudadana, mejorará la calidad de la democracia, por lo que Chile debería, a la brevedad, dar el paso decisivo en esta materia.